DIA 61. ¿Cómo te hace sentir?

A principios de los 90s había una pequeña compañía de velas en la comunidad de Kate que creció a ser una gran empresa en poco tiempo. Sorprendidos por su éxito tan rápido, la compañía decidió un día mover su operación a una ciudad más grande.


El problema fue que como ya vendían tantas velas con el nombre de esa comunidad, la gente continuamente viajaba al pequeño pueblo para comprar más velas. Pero ahora ya no había velas. Los clientes se iban con las manos vacías. Kate y una amiga de ella comenzaron a platicar acerca de cuánto se necesitaba una compañía de velas en el pueblo y ya que hay un dicho que dice que para tener éxito en la vida hay que encontrar una necesidad y satisfacerla, ellas decidieron que esa sería la necesidad que ellas satisfarían. Comenzaron una empresa de velas de soya.


Un año más tarde, Kate estaba sola una mañana en la tienda, cuando una mujer entró queriendo saber dónde estaba la compañía de velas anterior. Kate le explicó que se habían cambiado como a 70 millas de distancia, y ella pidió más información, así es que Kate le escribió la dirección en un pedazo de papel.


Pero la mujer insistió. Ella parecía interesada en decirle a Kate porqué había manejado hasta este pueblo, y porqué únicamente esas velas la satisfarían. Kate no se preocupó, ella había llegado temprano para hacer algo de trabajo pendiente, y la vio más como una interrupción que como un cliente. Pero entre más hablaba la mujer, más se enojaba, hasta el punto de insinuar que Kate era la responsable de todo.


De repente, el propio enojo de Kate comenzó a surgir. Hasta ese momento, nunca había visto al otro proveedor de velas como un competidor, pero al estar parada en su tienda llena de hermosas velas, escuchando a la mujer hablar de las “otras” velas, sintiendo que las velas de ella eran inferiores, Kate quería demostrarle que no era así. Cada vez que la mujer alababa las otras velas, Kate aprovechaba para mostrar los beneficios de sus velas.


Pareciera que hablaba con la pared. Finalmente, la mujer miró el pedazo de papel que Kate le dio y dijo, “Bueno, creo que el viaje fue en vano” y salió repentinamente de la tienda.


Kate se quedó muy enojada, frustrada y desilusionada de que había desperdiciado su tiempo, y de repente pensó: Nunca convencería a nadie de lo bueno que son nuestras velas estando enojada porque le gustan las velas de alguien más.


De repente, Kate agarró una de sus velas más populares y corrió atrás de la mujer. Ella ya estaba en su auto y salía del estacionamiento cuando Kate la alcanzó. Le hizo señales para que se detuviera, y cuando lo hizo, le regaló la vela.


"Aquí tiene," le dijo Kate, "Se la debí de haber dado antes. Ya que hizo un viaje tan largo, no quisiera que se fuera con las manos vacías. Llévela a casa y pruébela. Se la regalo. Quien sabe, quizá le gusten más las de nosotros."


La mujer agradeció a Kate y se fue. Y Kate entró en la tienda sintiéndose muy bien.


Quizá crean que les voy a decir que la mujer se convirtió en un leal cliente de Kate. Pero no. Al parecer nunca regresó.


Nunca importó. Porque, en el momento en el que Kate hizo a un lado su enojo para darse cuenta de que esta mujer entró en su tienda queriendo velas y Kate la había dejado salir con las manos vacías, ella se dio permiso de dejar de pensar en lo que necesitaba para comenzar a pensar en lo que la cliente deseaba. Y eso hizo toda la diferencia.


La Primer Ley Estratosférica del Éxito dice que nuestro verdadero valor se determina por cuánto más damos en valor que lo que tomamos en pago. Hoy en día, sin embargo, la ley tiene poco que ver con lo que damos o recibimos. Tiene mucho más que ver con el sentimiento, porque la forma en la que nos sentimos determina si vivimos nuestras vidas por completo o no.


Cuando la mujer entró en la tienda y comenzó a decirle a Kate de las otras velas y cuánto las quería, Kate sintió la necesidad de venderle una de las de ella. No era porque deseaba que la mujer se llevara un producto de calidad. Era porque quería demostrarle que estaba equivocada. Estaban atacando su autoestima y necesitaba que la venta la hiciera sentirse bien.


Cuando Kate corrió atrás de ella y le regaló la vela, su enfoque cambió de lo que ella necesitaba para sentirse bien a lo que la mujer necesitaba para que sintiera que su viaje no había sido en vano.


No sabe si el haberle regalado la vela hizo la diferencia. Pero sabe que fue una mejor embajadora de su comunidad al regalarle una vela a esa mujer que si la hubiera dejado irse enojada y sin nada en las manos. Y lo que es seguro es que Kate se sintió mucho mejor. Y si lo pensamos bien, de eso se trata; de sentirnos mejor.


Porque cuando actuamos de manera que nos sentimos bien, nuestras vibraciones se incrementan. Cuando nos limitamos, determinados a no dar nada a menos que el retorno instantáneo esté garantizado, nuestras vibraciones son bajas. El que nosotros retengamos, no solo evita que los demás gocen de lo que podríamos darles. Nos priva a nosotros de los sentimientos buenos que podríamos experimentar al dar.


No estoy sugiriendo que si eres el dueño de un negocio, regales tus productos a todo el que entra en tu empresa. Estoy sugiriendo que en cada transacción que participes, busques la manera de hacer sentir bien a tu cliente y a ti.


Porque la vida es demasiado corta para evitarnos los unos a los otros oportunidades para sentirnos bien. ¿No crees?


La Acción del Día:

  1. Lee tu Plan de Negocio para la Prosperidad y las once cosas de tu lista de agradecimientos.

  2. Toma un momento para pararte firmemente con un brazo alzado hacia el cielo, el puño firme como si te estuvieras agarrando de la mano de Dios. Ahora, ya sea verbal o mentalmente repite "Con Dios como mi Testigo…